martes, 1 de agosto de 2017

Duramos lo que dura un amanecer.

Fue bonito mientras duró. Fuiste bonito. Fuimos bonitos. Porque habían ganas. Esas que ahora brillan por su ausencia. Porque no puedo más con esta situación. No puedo mendigar que me prestes atención. No puedo rogarte que me dejes verte. No puedes detenerme cada vez que empiezo a coger altura. No puedes pedirle más tiempo al tiempo, porque el tiempo se agota. No es una fuente renovable. Nunca lo fue, aunque yo intentara sacar el tiempo de donde fuera. Para regalártelo. Porque no he hecho otra cosa. Porque eras tú el primer pensamiento y el último. Y no tengo miedo en admitirlo.

Aún así te tengo que dar las gracias, porque me diste un aire que necesitaba coger. Me diste impulso para cambiar de libro, o por lo menos, cerrar un capítulo que llevaba tiempo queriendo cerrar. Sólo te pido una cosa, no me busques más. Por mi salud. Porque si es verdad eso que dices, de que me quieres, me lo debes.

Yo, por mi cuenta, sólo te debo un "hola" cuando te vea, porque es lo único que me va a salir, aparte del corazón por la boca. No quiero crear más recuerdos contigo, porque aún me acuerdo el primer día que te vi, con tu camisa de cuadros roja y negra, nervioso, caminando hacia delante, diciéndome por donde tenía que ir. Con tus famosas zapatillas reebok blancas. O esa vez que quedamos, bueno, esa tercera vez, que me llevaste a tu lugar favorito y me llevabas de la mano, ahí ya supe que era demasiado tarde, y que esto traería cola. Cuando te mordiste el labio en el coche mirando hacia delante, mientras me dabas la mano. O esa última sonrisa a mitad de ese beso mientras me decías "no muerde"... Como ves, me acuerdo de todo.



Pero aquí lo dejo.
Entre lágrimas, y enfados.
Porque ya sí que no, no puedo más.

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