viernes, 22 de abril de 2016

Sí. Aquí es donde dejo mis historias. Las buenas, las malas.
Donde muestro mis sensaciones, esas más íntimas, porque sé que nadie las leerá. Y si las leen, no me las dirán ni podrán echármelas en caras, como tantas veces han hecho.

Aquí dejo cabreos, enfados... Con el novio, con la amiga, con el jefe, con la jefa...

Hay veces en la vida, que una necesita externalizar, sacar su alma a ventilar. Coger aire y tomar impulso.


Ellas.

Por todas las veces que he estado boca abajo y habéis hecho el pino puente para que, si yo no me giraba, lo hiciera la vida.


domingo, 17 de abril de 2016

Uno siempre quiere volver a donde fue feliz.

No existe la verdad absoluta, pues es subjetiva. Pero defiendo mi verdad, y ahora mismo, es que una siempre querrá volver a aquel sitio donde fue feliz. Donde experimentó esa sensación de sentirse plena, de no echar en falta a nadie, o quizás nadie que no merezca la pena (porque a decir verdad, siempre se echa a alguien en falta).

Claro que siempre van a existir recuerdos, a pares. Pero es algo con lo que no se puede luchar. Si no quieres que te duela, no vivas. Este es el precio que tenemos por vivir, los recuerdos. A veces duros. A veces malos. Pero si sabemos diferenciar esos malos recuerdos, es porque siempre hubieron buenos.

Quédate con lo que vale la pena y la alegría, las dos cosas. Sé egoísta. Disfruta. Ríe. Siente ¡Qué te duela! Porque eso quiere decir que estás viva. Y si estás viva, significa que tienes la oportunidad de volver a crear recuerdos. De ti depende que sean buenos o malos.

Pero recuerda, vive.
Cada día sólo se vive una vez.
No lo desperdicies.


(Y ya sabes, si dentro de unos años no te vas a acordar de esto, pasa página ya. 
Sabes que no es un problema que merezca más importancia)




viernes, 15 de abril de 2016

Aunque parezca mentira, el mundo está lleno de gente buena, de buenos pensamientos y de buenas acciones.

Claro que cuesta encontrar a esas personas, pero ahí están. Sólo hay que saber ver bien, porque como dice Antoine  de Saint-Exupéry, lo esencial es invisible a los ojos. Por eso hay que estar atentos a los pequeños detalles que nos dan la vida y apreciar aquello que nos pone delante.

jueves, 14 de abril de 2016

Estás invitado a la fiesta del "No eres nadie"

Ya no importa lo que digas y menos lo que calles.

Ya no me importas, aunque me esté autoconvenciendo de ello. Intento mantener la cabeza y el cuerpo ocupado, porque es lo único que hace que me sienta aliviada y realizada. Se suponía que tú ibas a ser un clavo que iba a sacar otro clavo pero...joder. Has sido peor. Y aparte oxidado.

La metáfora, ya lo sé, mala. Pero es la que mejor he encontrado.
Idiota, no vales la pena. (Y te lo pongo en negrita porque sé que alguna vez lo leerás...bye)

domingo, 10 de abril de 2016

¿Sabes qué? Hoy me apetecía sentarme y escribir. Escribir sobre mi, sobre ti, sobre la vida. Ya no sé si leerás o habrás dejado ya de buscar mis cosquillas. Tampoco es algo que me plantee.

Está claro que pienso en ti. Y obvio que me acuerdo. Mis amigas dicen que aún tengo la esperanza de que vuelvas como una vez hiciste, con el rabo entre las piernas (si hablamos de forma vulgar). No sé si es esperanza pero necesito una conversación final. No me gusta este panorama. No soy de acabar en negros eternos, sino de dejar rastros de luz por allá por donde paso. Siempre (o a día de hoy) serás una espinita clavada, y la cual quiero sacar ya.

Quiero olvidarte. Olvidarte y conocer a alguien que de verdad me quite la respiración. Y que luego, esté tan ilusionado de devolver mela cuando me haga falta. Que sea suficientemente valiente y sepa decirme las cosas claras tal y como las sienta. Cuando sea. Me da igual. Sólo pretendo encontrar a alguien que me valga la alegría y no la pena, y por personas como tú, ahora estoy cerrada en banda.

Aunque todo hay que decirlo, disfruto de mis días de soledad como la que más. No me hace falta nadie para mirar la luna en la hora azul, yo sola puedo hacerlo y apreciar los pequeños detalles. Porque la verdad es que conmigo me sobro y me basto pero de vez en cuando me hace falta saber que alguien está ahí. Deseando hablar conmigo y no sólo hacerlo por pasar el rato.

Supongo que algún día, encontraré a alguien así. Alguien paciente que sepa aguantar mis idas y mis venidas y que no se dedique solamente a decirme lo generosa y comprensiva que soy (así como tú).

PD: Me alegro que te vaya bien, pero si te va peor, me alegro todavía más.

martes, 5 de abril de 2016

Las mejores historias empiezan derramando copas sobre una mesa de billar a horas no adecuadas en bares menos adecuados. Y continúan escribiéndose en servilletas de papel manchadas de café y máquinas de escribir de los años ochenta, como aquella canción que nos pilló por sorpresa y por los pelos. Esa canción en la que te quedarías a vivir para siempre, en el último minuto, en el último acorde. Pero entonces se enciende la luz, y la gente aplaude, y eso significa que todo ha acabado. A veces el amor es así, es como cuando empieza una canción y simplemente sabes que tienes que bailar. No importa quién esté mirando, ni lo que digan, ni lo que piensen. Lo único que sabes es que tienes que cerrar los ojos y mezclarte con la música, porque si no lo haces, puede que la melodía deje de sonar y, entonces, te arrepientas el resto de tu vida.
Y qué quieren que les diga, los finales felices están sobrevalorados, aunque yo también pienso que Jack cabía en la tabla. A veces, después del último acorde, y cuando ya se ha cerrado el telón, los actores acaban tirándose las perdices a la cabeza. Y llegados al final, a veces se gana, y a veces se pierde. Y duele, claro que duele perder. Las personas pierden muchas cosas por el camino: el orgullo, la dignidad, el miedo, el juicio y, a veces, incluso el amor de su vida. Pasan días y días comportándose como si todo fuese bien y, de repente, se despiertan en mitad de la noche y se dan cuenta de que han hecho el imbécil, de que quieren a esa persona como nunca antes habían querido, y de que posiblemente ya sea tarde.
Amad hasta que no podáis más, aunque duela, aunque lloréis noche tras noche; y lo está diciendo alguien que sólo ha querido de verdad una vez. Pero es algo que se sabe. Que se siente. Sin dudas ni quebraderos de cabeza. Se quiere o no se quiere. Y podrán pasar días, meses, o incluso años. Podrás conocer a alguien, formar una familia, y vivir lo que por aquí llamarían una vida cómoda y estable. Pero, sabes que no habrá una noche en la que no te acuestes pensando en su boca. Ni un amanecer en el que no te despiertes deseando encontrarte con sus ojos y que te abrace hasta que te vuelvas a dormir. Sabes que cuando pases solo por la Puerta del Sol te vendrá a la cabeza la imagen de cuando pasaste de su mano; que vas a llorar cada vez que veas el mar, y que esa canción va a perseguirte allá donde vayas, para siempre.
¿Y sabes lo más gracioso de todo? Que él o ella, estará en su cama, mirando al techo, pensando en qué estarás haciendo en ese momento. Si serás feliz, si habrás conseguido dejar de morderte el labio, si seguirás defendiendo que el tomate es una hortaliza y que echar pepitas en el gin tonic es una aberración; si recordarás aquel amanecer cuando le dijiste que "en el momento en el que empiezas a sentir algo es que ya ha pasado demasiado tiempo". Y hace mucho que ha pasado demasiado tiempo. Y tú le quieres cada día más, ya lo sé. Y darías todo por volver un solo segundo a ese amanecer. Pero qué me vas a contar a mí de noches en vela y camas vacías.
Bailad como si nadie os estuviese mirando, porque os prometo que nunca os arrepentiréis de haber bailado esa canción, porque la felicidad se mide por el dolor de pies que tienes al final de la noche y el de cabeza del día siguiente.

sábado, 2 de abril de 2016

Y me pregunto si en algún momento del día te acordarás de mi, si decidirás buscarme entre los sitios en los que sabes que estaré, si cualquier palabra, anécdota, lugar... te recuerda a mi. Porque créeme, que yo sí. Y es un asco, porque te echo de menos pero es así. Aunque sea ir contra mi, contra mis principios. Pero no hay más.