domingo, 19 de julio de 2015

VeraNO.

Y después de mucho tiempo, vuelvo a escribir. Sobre la esperanza y las ganas de vivir. Vivir con los ojos cerrados. Correr tan rápido que me obligue el aire a cerrarlos. Disfrutar del verano y de sus noches, de disfrutar al ver las calles vacías. De volver a reír sin mirar el reloj, sin necesidad de vivir organizando el tiempo. Sin medir las palabras, de sentirme libre. Bailar como cualquier loca sin remedio, tararear canciones porque no me las sé y quedarme afónica en el intento. Comer helado hasta reventar (de fresa, eso sí) porque es tiempo de eso. Observar y ser capaz de captar esos pequeños momentos que pasan desapercibidos. 

Hablo de la esperanza de volverme a encontrar. Esa que me hace ser feliz.


Camina por la vida como quien desfila por la pasarela de sentimientos más prestigiosa del mundo. Lleva siempre puesta tu mejor sonrisa, por si llega el momento de regalarla sin pedir nada a cambio en cualquier paso de cebra.

Ten una lista de sueños por cumplir, escrita a mano, sobre la que ir tachando todo aquello que consigues. Cada meta, cada objetivo, cada casualidad encerrada en el destino.

No juzgues nunca a las personas sin conocerlas. Trata siempre de darlas un diez, y que solamente con sus actos vayas restando. Y si llega a menos de cinco, acuérdate de que un día tú dijiste a un profesor que un cuatro, aliñado con esfuerzo, dedicación y constancia, no merecía ser suspenso. Haz lo mismo con aquellos que se equivocaron un poco más de la cuenta.

Piensa siempre en positivo. Sea lo que sea, todo siempre ocurre por una razón. Solo tienes que buscarla, está ahí fuera. Y si no la encuentras, no desesperes. El tiempo la pondrá en tu camino más adelante.

Aprende de cada palabra, de cada momento. Valora las decepciones como ingrediente estrella de cualquier éxito futuro. Siente cada abrazo, cada suspiro. Sécate cada lágrima y salta con cada alegría.

Trabaja en lo que quieres, y no dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer. Esos que buscan moldearte a su medida, es porque no tienen el suficiente valor como para cumplir sus sueños. O, incluso, porque como son incapaces de hacerlos realidad, intentan que tú tampoco los puedas alcanzar.

Valora cada amanecer y cada día. Puede ser siempre el último. Y aprovéchalo para dar lo mejor de ti. Para que cuando llegues a la cama, derrotado, sientas que si es tu último aliento, estás dejando una huella imborrable. En el tiempo, en algunos corazones, en algunas personas.
Y ese es un motivo más que suficiente para vivir. Y reír. Y sentir. Y soñar
"Y nos alejamos, así sin más, me hubiese gustado enojarnos, pelearnos y con eso tener una razón, pero no, nos alejamos y te convertiste en tres puntos suspensivos que me duelen en el alma."
Noche de las letras

martes, 14 de julio de 2015

Si crecer es aprender a despedirse, tú me has enseñado a no querer despedirme, por mucho que no lo hayamos conseguido. Igual porque no supimos ver que si separas un adiós como nos hemos separado tú y yo, así, de cuajo y recién empezado, lo que te queda es esta esperanza idiota tan absurda como a quien va dirigida, ese alguien en el que por un momento necesitas creer con todas tus fuerzas, ese alguien al que suplicas, por una vez y sin que sirva de precedente, que te haga caso, un deseo sincero dirigido nada más ni nada menos que a él.
Adiós.

viernes, 10 de julio de 2015

"Que no puedo odiarte sin odiarme a mí misma. Y yo a mí no me odio, me quiero. Me quiero toda, con esa parte que fuiste mía durante un rato. O que no fuiste nunca pero quise tanto que fueras".